lunes, 3 de marzo de 2008

Días de lluvia, corazones rotos

¡Cómo tengo la cabeza! Llevo toda la tarde con el resumen del libro sobre el conde-duque de Olivares y estoy hasta lo huevos de él, del duque de Lerma, de Zúñiga y de la puta guerra de los 30 años.
Hoy ciertamente ha sido un día un poco de capa caída: tengo el cuerpo destrozado, he hechado de menos a cierta persona y, para colmo, llueve.
Se nota el efecto del tiempo en el ánimo de uno. Me encantan esos días en los que subo la persiana de mi habitación al levantarme y entra el sol fulgurante por la ventana; me alegra el ánimo caminar viendo el cielo azul y sientiendo el calor de los rayos de Helios sobre mi piel.
Odio, en cambio, la lluvia, y más ese xirimiri que, parece que no, pero moja mucho; detesto pisar los charcos que me encuentro en mi camino, sobre todo esas mañanas en las que no veo ni siquiera donde piso; me entristece ver las nubes negras en el cielo, que hacen más gris el paisaje de la ciudad., y más cuando mi corazón está roto, pues la herida parece hacerse más fuerte. Como señala el título de aquel disco de los Stormy Mondays, "Dias de lluvia, corazones rotos".