viernes, 11 de abril de 2008

Historias que quedan sin contar

Por fin viernes, eso significa descanso, descanso para una semana que me ha dejado agotado, y eso que no he hecho demasiado esfuerzo físico ni nada de eso. Pero no sé, estoy agotadísimo y con un sueño terrible. Y encima mañana, para colmo, madrugar para tocar en la jornada de puertas abiertas de Deusto. Asi que me iré para la cama nada más terminar esta entrada de hoy, que ni siquiera sé por qué me he puesto a escribir. Y no es por falta de ideas, ya que ando algo rebosante de ellas, pero me ha pillado mal día: ¡no tengo ganas de hacer nada! Y cuando digo nada, es nada, ni siquiera... imagináos qué, xD. Si es que menúo día llevo, estoy un poco bajo pero aun así de humor y dispuesto a echar unas risas como siempre. Bueno, pues eso, que noe s por falta de ideas, y, de hecho, hoy he redescubierto alguno de aquellos viejos proyectos que dejé que el polvo cubriera. Un esbozo de esas historias que quedaron sin contar, y que hoy he cogido con ganas de continuar. Hace un par de años (y ya de años antes, de hecho) estuve obsesionado por escribir una novela, con miles de ideas que yo tenía en mente, pero que empezaba y dejaba, ya que nunca me convencía aquello que escribía o me parecía que ya se había hecho antes. Hoy, lejos de aquello, sigo viendo eso mismo, pero en mi mente tengo otra concepción: me da igual que no sea del todo super original, porque nada es nunca del todo original; además, ya encontraré algún día la fórmula, no me voy a quedar pasmado esperándola, me pondré a la acción. Es tiempo de que esas historias que siempre quedan sin contar cobren vida y puedan ser leídas o escuchadas por aquellos que lo deseen. Dentro de poco comenzaré a dar forma a mi obra, mi vástago. Sólo tengo una vaga idea de lo que voy a hacer, pero tampoco quiero más, pues dejaré que mis dedos tecleen o que el bolígrafo se deslice sobre el papel cuando tenga el hálito sufieciente para respirar. La historia que quedó sin contar por fin podrá ser narrada.